¡Hola! Soy Sofía, quien está al timón de este proyecto.
Hace unos años me gradué en Traducción e Interpretación; me encantan los idiomas y descubrir mundo, aunque este plano de mi vida quedó relegado a un lugar secundario cuando descubrí este apasionante mundo de la etología.
De esto de la traducción viene en parte el nombre de este proyecto, Traduciendo Perross. Una parte importante de mi trabajo consiste en «traducir» a las familias aquello que hace su perro, para que así puedan entenderles y ayudarles. La doble «s» en «perross», es por el nombre de Ross, el perro con el que convivo (¡no podía faltar el protagonista de esta historia!).
Cuando acabé la carrera, empecé a estudiar Psicología, soy una mente inquieta y se me había quedado clavada esa espinita. En ese momento de mi vida apareció Ross. De hecho, llegué a este mundo a través de un profe de la universidad, aunque a un enfoque puramente conductista.
Según me adentraba todo esto, me empecé a cuestionar muchas cosas, hasta que descubrí otra forma de relacionarnos con los perros desde una perspectiva respetuosa con su etología y desde el acompañamiento emocional. Entonces me di cuenta de que quería llevar toda esa parte que siempre me había gustado de la psicología a la relación con nuestros perros.
Este señorito es el culpable de que esté aquí, hablándote de este proyecto y ofreciéndote mi ayuda. Es mi mayor maestro en todos los sentidos; aprendo de él cada día y le estoy profundamente agradecida.
Ross es un perro introvertido, inseguro y muy sensible. Tiene las ideas claras y es muy cabezota, como buen terrier.
Odia madrugar, la lluvia y el frío. Siempre va buscando un rayito de sol por casa para echarse la siesta. Dormir en mis piernas es su actividad favorita. Le encanta cotillearlo todo.
La verdad es que muchas de las cosas que te he contado, las compartimos.
Si Ross pudiera elegir acabar con la especie humana, creo que no dudaría un segundo 😅.
Seguro que puedes adivinar a qué personaje se debe su nombre. Y si no, no sé a qué esperas para ver «Friends».
Ross apareció en mi vida hace unos años para ponerla patas arriba. Llegó con apenas un mes y desde el principio desarrolló muchos miedos e inseguridades. Mi falta de conocimiento, las expectativas que me había creado y los consejos «profesionales» que recibí hicieron que no supiera escucharle ni entenderle.
Poco a poco, a medida que entraba en la adolescencia, todo empeoró: empezó a enfrentar sus miedos reaccionando, no confiaba en mí, y yo sentía que nuestra convivencia me superaba. Había trabajado con profesionales y había seguido las pautas que me daban, ¿por qué las cosas lejos de mejorar empeoraban?
Un día di con la educación respetuosa y empezamos a trabajar con una profesional en esta línea. Encontré una forma de relacionarme con Ross que encajaba con mis valores, y empecé a ver la de luz al final del túnel. Aquí comencé a formarme sin parar para seguir ayudando a Ross, pero pronto supe que quería acompañar a otras familias que se sintieran en una situación parecida.
Desde entonces estoy recorriendo un camino maravilloso, pero también complicado (y que no va solo de perros). Me ha tocado revisarme y deconstruirme en muchos sentidos, aprender a aceptar, a soltar expectativas, a entender y a acompañar desde otra perspectiva. Y… ¡estaré encantada si queréis que os acompañe en vuestra historia!
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